22/7/2014

La Suerte Puede Cambiar: Aclaración.

Hola, gente.

El otro día una chica me comentó en uno de los capítulos de la novela que estoy publicando aquí, en este blog, y que lleva por nombre La Suerte Puede Cambiar; y su comentario me dio a entender que podía haber gente que podía interpretar como que era una novelización de mi vida.

No, no lo es.

Hay cosas que se parecen, el hecho de que mis padres prefieran a mi hermano (que no hermana), el hecho de que yo sea una vergüenza para ellos, el cortarme, el dejar de comer, el machacarme con que no soy buena persona; que he pensado mucho en matarme. Y seguro que hay alguna cosa más que me dejo en el tintero.

Los personajes están basados un poco por encima en algunos amigos. Claire y Susan están basadas en dos amigas y Kyle en un amigo. No es tan perfecto como en la novela, quería escribir una típica novela romántica de mierda de esas que se llevan tanto, así que necesitaba al chico-guapo-majo-súper-agradable-que-se-preocupa-por-la-prota-y-quiere-ayudarla; en la realidad sí se preocupa, pero suele ser más independiente y no estar tan pendiente de nadie. Y mi hermano no se parece en nada a la chica que hay en el relato, en realidad yo me llevo bien con él.

Y creo que eso es todo. Muchas gracias a los pocos que me comentáis un poco en las entradas, de verdad que me hace mucha ilusión <3 a="" algo="" aunque="" buena="" comentan="" dedica="" demasiado="" ello.="" en="" gente="" gracias="" hace="" hay="" leer="" leerme="" los="" motiva="" mucho="" no="" p="" para="" pasan="" pero="" que="" se="" sea="" sienta="" sirvo="" su="" tiempo="" ver="" y="">

¡Un saludo a todos! Nos leemos.

Camiseta Rayden Paso A Paso (I).

Hoy os traigo un paso a paso (por llamarlo de alguna forma) de una camiseta que hice a finales de junio. Seh, llega algo tarde pero es que para editar el vídeo necesito otro ordenador y es bastante tedioso (he tardado más de dos horas en hacer este, jaja).

En cualquier caso, este es de cómo pinté la parte delantera, aún tengo que editar el vídeo de la parte de atrás, que también dibujé algo :3

Espero que os guste :D


Aclaración.


Sólo diré lo que todo el mundo dice, lo que todo el mundo me hace creer y sentir: que nunca estaré a la altura de nada, que no cambiaré, que seguiré siendo la mala persona que soy, que seguiré siendo la inútil que no sabe de nada, la que no entiende lo que le cuentan, la deficiente mental que no tiene inteligencia ni para sumar uno más uno. La que comete errores, la que no sabe hacer reír, aquella de la que sólo recordarán lo malo y no lo bueno. La que pierde a sus amigos por sus propios errores. La que hace enfadar a todo el mundo.

Pero no es así, porque yo estoy cambiando; quizá no se aprecie como un gran cambio, no es algo que se perciba al verme o al hablar conmigo dos frases. Es un cambio que se aprecia con el tiempo.

Yo misma me noto diferente, me encuentro más positiva. Sí, aún lloro a veces, al recordar ciertas cosas o cuando me tratan mal o me salen mal las cosas; pero lloro porque me duele, de la misma manera que lloras cuando te caes de la bicicleta y te lastimas una rodilla, o te atacan tus propios ovarios esos días del mes. Llorar no es malo, no es síntoma de debilidad, sino de que algo (o alguien) realmente te importa.

Quizá no esté a la altura porque igual vuestras expectativas sobre mí son demasiado elevadas, No entiendo por qué la gente tiene que tener expectativas con la gente.

Quizá me cuesta entender lo que me cuentan o explican porque mi inteligencia es como la de un gusano, y por eso tengo que preguntar lo que no entiendo. Quizá respondo lo que no debo porque a lo mejor, como mi inteligencia es nula y mi mente va por libre entiendo lo que no es y me confundo.

Puede que sea mala persona, pero tengo cosas buenas. Y lo sabéis. Sabéis perfectamente que me gusta escuchar, ayudar a la gente; hago dibujos espontáneos, o cualquier cosa de manera espontánea. Quizá no piense tanto en la gente y cometa errores que les perjudiquen, pero no lo hago a mala fe.

Quizá todo el mundo se enfade conmigo, lo cual es posible; dado todo lo anterior.

Siento mucho si odiáis todo esto de mí. En serio, lo siento mucho; y pido perdón a todo el mundo (en concreto a una persona, pero dudo que lo lea). No lo hago a malas, soy así. De la misma manera que el resto de personas son de otra forma. Conozco gente terca, gente egoísta de verdad; gente que se mueve por el interés, gente que se cree el centro del mundo. Gente con defectos. Éstos son los míos. Algunos se pueden cambiar, y estoy en ello, intento pensar (lo cual también es un logro para mí), pero a veces me pongo nerviosa y no consigo hacerlo.

Es igual, tampoco es que sirva de mucho esto. Sólo quería expresar algo y no recuerdo lo que era. Me he sentido enfadada y dolida al mismo tiempo, he tenido ganas de llorar de rabia pero al final las lágrimas han pasado a una sonrisa torcida de resignación.

Yo estoy cambiando, y eso es lo que importa, aunque no lo veáis o no queráis verlo.

21/7/2014

LSPC: Capítulo 9.1.

El día transcurre sin novedades. Las clases se suceden unas a otras como de costumbre: tediosas y llenas de información a introducir a presión en tu mente. La comida también transcurre sin problemas, Kyle sigue en su misión de hacerme reír todo lo que pueda y lo consigue, no porque yo lo haga por complacerle, sino porque realmente consigue sacarme sonrisas e, incluso, alguna que otra carcajada. Me alegro mucho de que decidiera acercarse a mí aquel día.

Los días pasan de la misma manera, las semanas también, y los meses. Y Kyle y yo nos volvemos más amigos que antes. Tanto Claire como Susan están  sorprendidas por todo aquello pero se alegraban de que Kyle me hiciera sentir mejor en general.

En cambio, mis padres no lo veían con muy buenos ojos. Desconfiaban de él y no les gustaba que yo estuviera con Kyle; aquello de que me viniera a buscar y me trajera después no les hacía demasiada ilusión. Y, para más inri, mi hermana se había enfadado conmigo porque: a) No se lo había presentado y b) porque él parecía estar más interesado en mí que en ella, y eso la superaba.

De manera que, sin quererlo, Kyle era motivo de discusión en mi casa porque mis padres me decían que dejara de verlo y yo me negaba en rotundo. No iba a dejar de ver a la única persona que parecía haberse tomado la molestia de entenderme y que se preocupaba por mí.

Y tras cada discusión, tras cada llanto en silencio, una cicatriz se unía al resto. No podía pararlo y, aunque me daba miedo, no podía dejar de hacerlo; me hacía sentir demasiado bien… sólo esperaba que nadie lo viera porque entonces tendría más problemas. Y eso era lo que menos me convenía.

Un día, después de clase, Kyle me da una bolsa antes de entrar al coche para llevarme de vuelta a casa. Yo la abro y veo un jersey blanco dentro de ella. Lo reconozco al instante: es el jersey que vi aquel día en el centro comercial, cuando él me tiró el batido por encima del que yo llevaba. Aquel que valía tanto.

—No puedo aceptarlo –le digo, entregándole la bolsa.

—Sí que puedes –repone él–. No puedo devolverlo, así que…

—Cómo que no puedes devolverlo.

—Le he quitado las etiquetas –Kyle sonríe con picardía.

—¿Estás loco? –exclamo–. ¿Y si no me vale?

—¿No decías que no lo querías? –suelta una carcajada. Le fulmino con la mirada y me mira con aprecio–. Es de tu talla, tengo una especie de… don para saber la talla de la gente. Te lo pruebas y ya me dices. Si realmente no te vale, guárdalo para tu hija cuando la tengas.

Lo miro un instante y suspiro resignada. No vale la pena discutir con él por estas cosas porque nunca llevo las de ganar. Él es demasiado terco y mis ganas de discutir siempre son nulas.

Intento meter la bolsa en la mochila pero no entra. Genial, si mis padres lo ven se enfadarán; da igual que les diga que lo he comprado yo, me echarán la bronca por gastar dinero en cosas así.

Una vez llego a casa, lo que había previsto se cumple, pero no como yo esperaba. Mis padres me echan la bronca, efectivamente, pero no contentos con ello mi padre me quita la bolsa de las manos y saca el jersey de ella; lo mira un instante antes de romperlo con unas tijeras.

Yo me quedo helada un instante, sin apenas prestar atención a lo que me dice, capto algo como «no lo volverás a ver jamás» pero yo me encuentro demasiado en shock como para ser consciente de lo que ocurre.


Cuando se me pasa la sorpresa, la ira recorre todo mi cuerpo. Le digo de todo a mis padres y me largo a mi cuarto, donde cierro la puerta con el pestillo y me dejo caer en la cama, llorando de rabia. Me vuelvo a hacer cortes y, cuando abro uno de los cajones de la mesita en busca de un pañuelo, mi mirada topa con un frasco que daba por perdido, lo sostengo en la mano, pensativa, lo meto en la mochila y me meto en la cama, con la música puesta para poder quedarme dormida.

20/7/2014

Cómo Entrenar A Tu Dragón 2.

No encontré un póster español -_-

Hace mucho que no hago una crítica a una película, y cuando digo mucho me refiero a un año o dos.

La de hoy, como bien dice el título, es la secuela de aquella película que se estrenó en 2010 en la que un chico se hacía amigo de un dragón y se convertía en su jinete.

En esta secuela han pasado ya unos cuantos años, cinco según tengo entendido, y nos presenta una trama un poco más elaborada que su antecesora y más madura.

Hipo y Desdentado, se nota que el chiquillo ha crecido un poco eh.
En realidad, la película emana madurez por muchos sitios; vemos a los personajes más adultos, afrontando los problemas con más seriedad aunque conservando su carácter. También emana madurez por diversas cosas en la película que no diré para no hacer spoilers. Al menos, es mi sensación tras verla, vaya.

La trama se centra en un tipo al que llaman Drago Manodura, que está reuniendo un ejército de dragones. Hipo con Desdentado intentarán impedirlo ayudados por sus amigos y sus respectivos dragones.

No quiero contar mucho más porque no sé hasta qué punto estáis informados respecto a lo que aparece en la película y no quisiera destriparos nada por error.

¿Mi consejo? Que la veáis. Es una maravilla de la animación, de las mejores que he visto este año junto con El Viento Se Levanta, de Hayao Miyazaki (aunque considero que toda película de este hombre es una maravilla visual). Buenos colores, buenos movimientos en los dragones, buena banda sonora también.

Encontré éste póster finalmente \o/
Ese dragón es uno de mis favoritos también :)

La verdad esperaba que fuera floja, ya sabéis lo que se dice de las secuelas, que nunca son buenas; pero en este caso mi hype (o expectación) por ella era el acertado. No me decepcionó y me dejó con ganas de más. Se rumorea que habrá una tercera parte, yo preferiré esperar a que se confirme.


PD. En España se estrena el 1 de Agosto de 2104, os tocará esperar un poquito, si no podéis aguantaros podéis verla en Latino, como hice yo y luego ir a verla al cine, que es lo que haré en cuanto pueda :)

¡Nos leemos!

Muerte.

Muerte.


Ahora mismo lo que ansío es eso, morir. Hacía ya muchos meses que no se me pasaba por la cabeza; que no venían a mi mente estos pensamientos. El deseo de desaparecer de la tierra, de dejar de vivir. Fuera problemas, fuera dolores físicos, mentales, del alma y del corazón. ¡Adiós a todos ellos!


Es irónico querer morir por la persona que amas. Y es ridículo querer morir por algo así. Por un no correspondido. Por no saber pasar de página. O no querer. Por seguir anclada en el amor que jamás podrás tener.

No lo quiero. De verdad que no lo quiero. Pero ahí sigue. Supongo que una parte de mí sí que lo anhela aunque sepa que no es bueno; aunque sepa que duele mucho en cualquiera de los sentidos.

Llevo semanas pensando en ello. Mucho. Semanas en las que acabo llorando alguno de los días, abrazada a la almohada o a la cobaya, quedándome dormida por las lágrimas. Aún no me he hecho daño físico, espero no hacerlo, llevo más de un año limpia y no quiero recaer en eso.

Tantas cosas que pensé en hacer, en regalar; ya no quiero hacer ninguna. Sólo quiero romperlo todo, destrozarlo, quemarlo. También quiero arrancarme el corazón y la parte de mi mente y cerebro que se encargan de los sentimientos y quemarlas y destrozarlas. Echar las cenizas al viento y si te he visto no me acuerdo.

El tipo de amor que se plasma en las novelas antiguas, en las películas dramáticas de amor, ese amor que dicen que es eterno, que siempre amarás a una persona por encima de todas, que se convertirá en tu mundo, en tu único nexo con la felicidad, la realidad, la serenidad. Ese "te amaré por siempre jamás", ese cuento de hadas del "felices para siempre". Ese amor, sí que existe. Existe. Lo peor de todo es que ahí está.

Pero no es bonito. Todos los cuentos de hadas que películas de Disney y Hollywood nos han vendido no irradian ese amor. Este amor es el de las eternas segundonas en todas las películas románticas, en todas las novelas de amor; esas que acaban suicidándose porque no aguantan la carga de un amor no correspondido, un amor por el que dejarían todo y acudirían a su ayuda si la necesitase. Un amor que, por mucho que haya distancia de por medio, siempre estará ahí y nunca se irá. Permanece latente hasta que tenga su oportunidad de aparecer.

Quizá no me dejen pasar página, porque siempre acaba pasando algo que me hace querer de nuevo. Supongo que soy débil. Que nunca seré fuerte. Que nunca cumpliré ninguna expectativa. Que nunca cambiaré y que seguiré siendo la de siempre. Eso es lo que me está enseñando la vida. Que da igual que seas buena o mala, que estés siempre ahí para las personas, que ayudes o no, que... que no seas mala persona; que no hagas daño. Da igual lo que hagas que la vida te tratará mal.

No hay solución para este mal. Un desamor normal se cura con el tiempo. Uno como este, no se cura jamás, por mucho que te alejes de la fuente.

PD. Es una entrada sin sentido, necesidad de vomitar algo del dolor que siento ahora mismo aquí dentro, en lo que se supone que nos mantiene vivos y que nunca se rompe. En mi caso, acaba de perder los últimos pedazos que tenía intactos.

18/7/2014

LSPC: Capítulo 8.2.

El brazo de Kyle rodea mis hombros y me atrae, con suavidad, hacia él. Le miro y le veo con una sonrisa amable en los labios.

—Hace frío, sí –comenta–. Tengo el coche un poco más allá, aguanta un poquitín, ¿vale?

Asiento sin decir nada y caminamos un ratito más hasta llegar al coche de Kyle. Una vez al lado del vehículo, Kyle aparta su brazo de mis hombros y abre el coche.

—¿Adónde vamos? –le pregunto cuando arranca el coche.

—No lo sé –se encoge de hombros–. No he pensado en ningún sitio.

No digo nada mientras el coche avanza tranquilamente entre el tráfico. Se nota que Kyle conduce sin rumbo, dejándose llevar por la corriente de coches; conduce en silencio pero unos diez minutos después de haber arrancado, abre la boca.

—En serio, Lucy –empieza–, ¿por qué no has ido a clase?

—Necesitaba estar sola –murmuro, mirando por la ventanilla.

—Eso ya me lo has dicho –repone él–. ¿Qué ha pasado?

Me quedo en silencio un par de minutos, pensando en si decírselo o no y, de hacerlo, cómo decírselo. Veo que tamborilea los dedos encima del volante con impaciencia pero no dice nada.

—Oye, sé que no hace tanto que… –empieza a decir pero yo le interrumpo.

—Estoy buscando las palabras –le digo un poco cortante–. No me agobies.

Él asiente, con la mirada al frente, y yo sigo rumiando las palabras.

—Ayer hubo bronca en mi casa –susurro y Kyle me dedica una mirada rápida para no perder de vista el tráfico–, por el color de mi pelo. Me encerré en mi cuarto y tras dar vueltas como un león me miré en el espejo y me deprimí porque no me gustaba lo que veía –inconscientemente me llevé la mano al brazo donde tenía los cortes–. Me vi gorda, fea; inútil –suspiro–. Es lo de cada día pero supongo que ayer perdí el control.

Kyle no dice nada. Sigue conduciendo y yo vuelvo a suspirar.

—Deberías irte de esa casa –comenta de repente.

—Dime algo que no sepa –mascullo–. Sin dinero no puedo irme a ningún lado. Para ello necesitaría trabajo y tampoco lo hay. Lo único que puedo hacer es esperar y aguantar.

—Pues intenta aguantar –me dice, casi como petición–. No me gusta verte así de mal. Además, deberías intentar que no te afectase tanto.

—¿Que no me afectase tanto? –repito en un susurro cargado de ira, mirándole atentamente–. Para ti es fácil decirlo, tus padres no te machacan día sí y día también, tu hermana no te hace la vida imposible. Y no tienes problemas de autoestima porque eres guapo y estás bueno –suelto un bufido y me cruzo de brazos mientras miro por la ventanilla de nuevo–. Es igual, no lo entenderías.

—Aunque no lo creas, lo entiendo –masculla él–. Al menos, parte de ello –guarda silencio un instante antes de hablar–. Mi padre era alcohólico y nos pegaba a mí, a mi madre y a mi hermana pequeña. Ambos murieron en un accidente de coche cuando él conducía bebido, para variar. Yo tenía ocho años y mi hermana seis. Nos criaron nuestros abuelos.

»Quizá no entienda lo de la autoestima, pero lo otro sí. Intenta no te afecte demasiado.

Le pongo una mano encima del brazo porque no sé qué decir, pero él no hace ningún gesto de agradecimiento ni nada de manera que aparto la mano y me encojo en el asiento. Me dedico a ver pasar los coches y los edificios por la ventanilla, rumiándolo todo.

Pensando demasiado.

Kyle me tironea del pelo y yo me vuelvo hacia él, con curiosidad. Le encuentro sonriéndome, como siempre hace cuando me ve apagada. Le devuelvo la sonrisa y la suya se amplía.

—Así me gusta ­–me dice–. Que sonrías. Tienes una sonrisa muy bonita.

—Anda –desvío la mirada, intentando no ruborizarme–. Es una sonrisa corriente.

—Quizás –Kyle se encoge de hombros–. Pero apenas te he visto sonreír en todo este tiempo. Es como ver una lluvia de estrellas durante el día. Disfruto cuando lo haces.

Me quedo mirándolo con atención y asombro. No me esperaba aquello de Kyle, era muy profundo, muy… muy poco acorde conmigo. Yo jamás pensé que alguien compararía mi sonrisa con algo así.

Él gira la cabeza para mirarme y frunce un poco el ceño antes de sonreír extrañado.

—¿Qué pasa?

—Nada, es sólo que –hago una pausa, buscando las palabras adecuadas–, es sólo que me ha sorprendido tu comentario, nada más. Ha sido muy bonito, gracias.

—De nada –sonríe un poco más y me guiña un ojo.


Kyle acaba por llevarme al centro comercial, donde me invita a un helado y donde hablamos durante unas horas hasta que es hora de que yo vuelva a casa. Él se ofrece a llevarme y no puedo negarme porque es bastante terco; antes de bajar del coche me hace prometerle que no me saltaré las clases al día siguiente y yo entro en casa donde, por una vez, ceno y me echo a dormir sin broncas.